 Era una reunión de colaboradores, una tertulia obligada. El gobernador Acevedo Vilá invitó a funcionarios electos, jefes de gabinete, algunos de sus ayudantes y al hijo de alguien famoso a Fortaleza a dialogar sobre el Estado Libre Asociado y nuestras relaciones futuras con los Estados Unidos.
En medio del diálogo, planteó que, en síntesis, el futuro del ELA era un asunto de dignidad: “es indigno que las decisiones más importantes sobre nuestro presente y futuro se tomen en sin la intervención de los puertorriqueños”. Ante el silencio de los presentes, el hijo del famoso indicó: “vamos, vamos, no me vas a venir a usar el argumento ese de la dignidad”. Entendí entonces y entiendo mejor ahora: no es posible hablar de dignidad para quien ni la tiene ni le importa tenerla.
En los próximos meses se celebraron varias reuniones para diseñar el programa de gobierno del PPD en el área de estatus y se acogió el principio de ELA soberano que se había adoptado anteriormente en varias asambleas generales. Nadie objetó. Los que ahora se quejan guardaron silencio. Nada dijeron en la reunión donde había veinte personas ni en la asamblea donde había veinte mil.
Para compensar ese silencio de entonces, llevan dos años tratando de reescribir la historia, provocando divisiones dentro del Partido Popular, haciendo eco a la visión cruel de este gobierno insensible y mirando hacia otro lado mientras destrozan el país.
Ahora repiten como un mantra que el PPD perdió la pasada elección por reclamar soberanía, mientras se hacen los suecos cuando se les recuerda que el principio de soberanía estaba en los programas de gobierno del 2000 y 2004, cuando prevalecieron candidatos populares. Peor aún, siendo tan fanáticos de las encuestas como dicen ser, pretenden que el país olvide lo que éstas dijeron sobre las verdaderas razones de la derrota Popular del 2008. Los “exit polls” de este diario señalaron que el Partido Popular perdió principalmente por la condición de la economía y, en un menor grado, por la incertidumbre creada por las acusaciones federales contra nuestro candidato a gobernador; no por la adopción de la posición soberanista.
Aprovecho para añadir otras razones como el desgaste provocado por ocho años en el poder y el precio que pagamos por los desmanes del gobierno compartido donde sólo se ajustició al PPD y no a la legislatura obstruccionista. Además, los populares no deben olvidar la traición de ciertos líderes colonialistas que rehusaron endosar nuestro candidato por personalismos o por mezquindades; mismos que ahora guardan silencio ante los desmanes del presente gobierno o, peor aún, le cantan loas en español y en inglés.
Por décadas, el PPD al que pertenezco ha reclamado un ELA no colonial y no territorial. Ahora, tristemente, el hijo del famoso sale en defensa de relaciones coloniales sin el más mínimo asombro o pudor. Para ganar elecciones, cree que es mejor copiar el mensaje y la filosofía de los anexionistas, que usar el “argumento ese” de la dignidad. No parece darse cuenta que es precisamente esa la razón para el crecimiento electoral de nuestros opositores. ¿Para que aceptar un facsímil si te ofrecen el original?
Creo en un ELA no colonial ni territorial; o sea, soberano. Ese mismo que aún hoy está en el programa de gobierno del PPD por el que fui electo. No creo en la indignidad de una relación política donde el poder último sobre el futuro de mi país depende de otros. No puedo impedir que por delirios de poder algunos dejen su dignidad en la casa de empeño. Pero nunca voy a aceptar que éstos le impongan a mi partido una visión asimilista en aras del poder político. Si quieren ganar siendo como los otros, ¿para qué hay que cambiar los otros?
Sí, este es un asunto de dignidad. Delirio no, dignidad.
|